sábado, septiembre 30, 2006


De nuevo en camino…

Septiembre acaba y el curso vuelve a ponerse en marcha. Con ello la pereza de volver a la rutina de una estudiante de otra comunidad.
Con solo pensar en el recorrido me entran sudores y pocas ganas de viajar a Madrid, llegando a comportarme como una niña pequeña: no quiero ir, no quiero ir... ¿Que tiene Toledo que nos hace amarlo tanto?, ¿echaran algún polvito en el agua?

Todo animal cumple un círculo de la vida y el mío consiste en:
Llega el domingo, tu con una alegre resaca, montas en el autobús del barrio hacia la estación arrastrando la maleta (que suele pesar 3 veces mas que tu, aunque dentro solo lleves calcetines); A menos que la diosa fortuna te sonría y algún familiar agraciado desee llevarte para darte la patada y dejarte en la estación (se que este acto es la ilusión de todo padre, echar a tus hijos con una maleta en una estación y marcharte, como si de un abuelo abandonado en una gasolinera se tratase -la sonrisa es indescriptible-).
Ahora toca coger el Continental, enfrentándote a una fila enorme de gente que discute por que no quiere pillar el autobús de los pueblos, que puede llegar a resultar insoportable, pues llega a tardar una hora mas en el trayecto, auque así aprendes geografía que nunca viene mal. Cuando as conseguido el billete, sabiendo que con tu suerte te habrán dado rueda (que mejor viaje que estar toda una hora con las piernas dobladas, eso es comodidad, si sí…). Subes al autobús, y te sientas, no sin tener que disfrutar de los amantes pegajosos que parece que no se volverán a ver, a los familiares que lloran como si sus hijos se fueran a la guerra (sabiendo que estos volverán de nuevo el viernes por esa extraña atracción que ejerce esta ciudad sobre nosotros).
Subes y te sientas en tu sitio, asignado por un número, ¿esto es tan complicado? Es el gran momento de tensión y locura, la gente se sienta donde le da la gana, discuten, se echan de un sitio a otro asta que el conductor tiene subir a sentarlos como si fueran niños de guardería.
Después tienes una hora en la que realizas operaciones múltiples: un rato para disfrutar de una amena lectura, interrumpida por los ronquidos de tu compañerote viaje, otro rato para deleitarte con las hermosas visiones de las autovías, atascos, y disputas automovilísticas, hasta que llegas Mendez Alvaro. Notas que estas ya entrado en la estación, por que la mitad del autobús se levanta con prisa, para salir el primero, cuando todos acabaremos en el metro haciendo cola, para comprarte un bono.
Arrastras la maleta por las odiosas escaleras y te metes en el metro, con todos sus maravillosos transbordos y obras. Sales de allí, doblado, por que tu maleta es muy pesada y esas escalera de salida son mortales, para llegar a casa, sacar los taper medio descongelados y cenar un bocadillo y acostarte, sabiendo que volverás hacer lo mismos el próximos fin de semana…

martes, septiembre 12, 2006

Empecemos el juego…

¿Quien no ha jugado a este arriesgado juego que es el amor?...

domingo, septiembre 10, 2006



De nuevo mis pequeños hombrecillos, descubriendo el mundo…

sábado, septiembre 09, 2006



Ya es hora de empezar a colgar obra, que para eso cree este lugar. Este es un dibujo muy antiguo, aunque le tengo mucho cariño.